'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

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Fidel, Dios y la idolatría - Por: Juan Carlos León


Fidel, Dios y la idolatría

Por: Juan Carlos León
Columnista Invitado
Miami, FL., USA
Juan Carlos León

Si hay un pecado que Dios no tolera es la idolatría. Según la Biblia, hasta la tercera generación (hijos y nietos) será castigada de aquel que se atreva a rendirle adoración a otros dioses que no sean el Rey de reyes y Señor de señores. Sin embargo, esto fue precisamente lo que hizo la mayoría de los cubanos cuando Fidel bajó de la Sierra Maestra y entró triunfalmente en La Habana.
Muchos de nosotros no habíamos nacido cuando esto ocurrió pero, de acuerdo a testimonios de nuestros padres y abuelos, la gente se enloqueció con la llegada al poder –por medio de la fuerza- de los hermanos Castro y sus compinches barbudos. A partir de ahí comenzó la desgracia de todos los cubanos.
Históricamente nuestro pueblo ha sido muy creyente, no obstante, un gran número de personas comenzó a negar al Altísimo para poder desarrollarse en un Gobierno comunista, como el que se implantó en la isla en 1959. Fueron muchos los que colgaron letreros en las puertas de sus casas que decían: “Fidel, ésta es tu casa”; otros desaparecieron los cuadros del Sagrado Corazón de Jesús y La Última Cena.
Poco a poco la gente dejó de asistir a las iglesias y, la minoría que asistía, lo hacía muy discretamente. Hubo quienes hasta escondían las Sagradas Escrituras debajo del brazo con tal de no buscarse problemas en sus centros de trabajo o estudio. Lo más común era acudir a los santeros de forma oculta y sin provocar mucho espaviento. En otras palabras, la fe en Cristo quedó reducida a la mínima expresión.
A estas alturas cabe preguntarse, ¿no creen ustedes que lo que nos sucedió nos lo merecemos por haber adorado al Dios equivocado? Ojalá y hayamos aprendido la lección para cuando el demonio de Fidel Castro desaparezca no idolatremos a más ningún ser humano.
Sólo el Creador del Universo es digno de nuestra adoración y alabanzas. Pidámosle perdón por haber sido tan malos cristianos y por haberlo destronado por alguien que terminó dividiéndonos y destruyendo nuestra querida patria. ¡Amén!
Fotografía: Internet