'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

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Los judíos contra Castro - Por: Jacobo Machover


Los judíos contra Castro

Por: Jacobo Machover
París.

Fidel Castro se arrepiente de todo. En su improbable confesión al periodista israelí-americano Jeffrey Goldberg, le hace una tardía pero sentida declaración de amor al pueblo judío, como apunta de maravilla Isis Wirth en su blog La Reina de la Noche.

Comunidad Hebrea Hatikvah, en Santiago de Cuba
No es la primera vez que un jefe de Estado, sintiendo llegar su muerte, intenta justificar su actuación pasada, antes de encontrarse con su Dios o con la Historia (la otra diosa del Líder Máximo).

Así lo hizo François Mitterrand, antes de pasar a mejor vida, al volver una y otra vez sobre su pasado colaboracionista con el régimen del mariscal Pétain, aliado de Hitler, y afirmar, contra toda evidencia, que él nunca había sido antisemita.

Hay otro ejemplo, no histórico sino artístico: es el Nabucodonosor de la ópera de Verdi, “Nabucco”, donde el rey de Babilonia, al haber deportado en cautiverio a los judíos después de la destrucción del primer templo de Jerusalén en 586 antes de Cristo, decide, en un momento de conmiseración (en la historia no ocurrió de esa manera) liberarlos y enviarlos otra vez a su país natal, su tierra prometida.

Castro ahora se desdice de todas las diatribas que ha podido lanzar, desde 1973, año de la guerra de Yom Kippur, contra Israel, y de todas las acciones, incluso militares, contra el Estado hebreo.

Algunas de ellas, poco conocidas: la intervención de sus tropas para defender Damasco contra Tsahal; el adiestramiento de los terroristas palestinos en Cuba y en los campos de la periferia de Beirut, sobre todo en Chatila, donde el Ejército israelí encontró una cantidad considerable de manuales redactados en español y puestos en práctica por los mayores aventureros de la Seguridad del Estado y de las Tropas especiales cubanas para fabricación de bombas y explosivos (algunos de ellos fusilados más tarde por los hermanos Castro: el que siembra vientos recoge tempestades); la publicación en Cuba de la tesis de Doctorado de Mahmud Abbas, el actual presidente “moderado” de la Autoridad palestina, defendida en la Unión Soviética, cuyo tema era el de las supuestas relaciones entre el sionismo y el nazismo (la portada del libro mostraba juntas la estrella de David y la cruz gamada nazi; Mahmud Abbas renegó más tarde de algunos de los aspectos más “revisionistas” de su escrito). Y también el primer abrazo a Yaser Arafat en la Conferencia de los no-alineados en Trípoli, bajo la presión del coronel Gadhafi, y las constantes visitas de éste último a Cuba, la primera de ellas en 1974 inmediatamente después de su discurso en la ONU.

La comunidad judía de Cuba tuvo, en su inmensa mayoría, que salir de Cuba por causa de las expropiaciones de sus comercios, grandes y pequeños, por los límites a la libertad de cultos (no sólo el judío, por cierto), y por el odio desatado en parte de la población a raíz de sus proclamas vergonzosamente pro-árabes y “anti-sionistas”, presionando para que la conferencia de Durban asimilara en 2000 el sionismo al racismo, interviniendo en la Comisión (hoy día Consejo) de derechos humanos de la ONU en Ginebra para que se condenara constantemente a Israel.

En Cuba subsiste un reducido grupo de judíos que, en virtud de un acuerdo (otrora ultra-secreto) con las autoridades israelíes, emigran por tandas a Israel, sobre todo a Eilat, en el Mar Rojo. Entre ellos siempre ha habido unos cuantos disidentes anticastristas.

Pero entre los judíos y los cubanos hay, a mi parecer, una comunidad de destinos. Los judíos llevan milenios recorriendo el mundo, los cubanos sólo medio siglo. Pero todos, y entre ellos los judíos cubanos, nos hemos convertido en un pueblo errante.

Si los hermanos Castro quieren de verdad expiar sus culpas de manera concreta, deberían pensar en acabar con la terrible división de las familias cubanas, con el destierro de los presos, con la diáspora de millones de cubanos condenados al exilio eterno, a la diáspora, que ellos mismos han provocado.

En vísperas de Yom Kippur, la gran fiesta hebrea, que significa el Gran Perdón, sería la única manera de hacer creíble ese arrepentimiento, esa reivindicación tan repentina como tardía de los valores y de los sufrimientos del pueblo judío. Pero, que perdonen otros; yo no puedo.  [Foto: June, Picasa. Comunidad Hebrea Hatikvah, en Santiago de Cuba]