'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

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Otto Morales Benítez: “Quiero que me recuerden riéndome” (Entrevista) - Por: Sergio Esteban Vélez


Otto Morales Benítez: “Quiero que me recuerden riéndome”

Por: Sergio Esteban Vélez
Columnista Invitado
info@sergioestebanvelez.com 

Con 125 libros publicados, Otto Morales Benítez es considerado como el ensayista vivo más importante de Colombia.  A una semana de su cumpleaños número noventa, estuvimos conversando con este consagrado autor, líder político y actual columnista de El Mundo.

¿Qué les responde a los que dicen que los poetas y los hombres de letras no son buenos gobernantes?
  Que son muy buenos gobernantes, porque son iluminados.  La prueba es que si repasamos los presidentes que ha tenido Colombia, la mayoría vienen de las letras o han sido escritores y algunos han sido iluminados poetas.  No se puede hacer política sin cultura.  Cuando se abandona la cultura, como en el clientelismo, fracasa el Estado.
El estadista tiene que ser un hombre con concepción política, pero esta debe venir de una filosofía cultural. Sin eso, no habrá avance en el manejo de los problemas nacionales. 
 
Si hubiera sido presidente, ¿cuál habría sido el eje de su gobierno?
  Fui dos veces candidato a la Presidencia, y no llegué a ella porque no transé con los clientelistas.  Ellos me querían imponer condiciones, pero yo les dije: “Llego con dignidad, con responsabilidad y con autonomía, o no soy presidente”.
El eje de mi gobierno habría sido la concordia nacional y habría tenido un fin social, el de defender a los marginados en la economía, en la cultura, en la religión y en el estilo social.
   
¿Cuál cree que fue el más significativo de los logros de los ministerios que usted ocupó?
  En el Ministerio del Trabajo, el mayor logro fue volver a buscar la unidad sindical, que estaba destrozada.  También logramos volver a establecer la negociación colectiva, que había dejado de utilizarse durante la dictadura de Rojas.  Además, organizamos, por primera vez, “sindicatos de cuello blanco”, con banqueros, médicos, personas que no eran trabajadores manuales.  Reglamentamos los Seguros Sociales, para poder pagar los seguros de vejez, invalidez y muerte. Consolidamos el Sena, que era entonces algo incipiente, y yo presenté la ley para se constituyera en una organización nacional.  Creamos las escuelas de Administración Pública. 
En el Ministerio de Agricultura, me tocó asumir la defensa de la reforma agraria, que había aprobado un comité nacional presidido por Carlos Lleras Restrepo.  Ese proyecto vino a ser la Ley 135 de 1961, que contemplaba que todos los ministerios debían atender las necesidades de los campesinos y facilitaba la oportunidad de darles un crédito agrario fácil, en buenas condiciones de intereses y de tiempo, de acuerdo con el cultivo que se fuera a realizar.
Logramos también unas leyes ordenándole a la banca destinar parte de los dineros que estaban depositados en los bancos para atender necesidades en el campo.
En ese momento, aparecieron cultivos de gran importancia, como el arroz y la palma africana.  También impulsamos el manejo de nuestros mares, para encontrar alimentación para el pueblo colombiano. 
 
Usted fue secretario y ministro de Alberto Lleras ¿Cómo era trabajar con él?
  Era la autenticidad moral llevada a toda la administración pública. Nunca había un comentario desagradable, ni sobre personas ni sobre situaciones. Él era muy organizado, gran trabajador, se exigía demasiado a sí mismo, y, sin incomodarnos a los ministros, nos veíamos también en la obligación de trabajar, ante su ejemplo. Otras de las condiciones de trabajar con Lleras eran el orden y el equilibrio. Ante los diversos temas, nunca buscaba soluciones que pudieran lindar con la demagogia.  Buscaba que todos los proyectos que uno impulsara sirvieran a las clases marginales, a los que tenían menores oportunidades.  Lleras era la disciplina moral, política, jurídica, porque no se podía hacer ningún acto que no estuviera acomodado a la ética, a la ley y a las conveniencias nacionales.
 
Usted ha sido un apasionado de la figura de Rafael Uribe Uribe y ha publicado varios libros sobre él ¿Cree que Colombia ha sido injusta al no darle la debida recordación y exaltación al legado de Uribe Uribe?
  Aunque el Partido Liberal siempre ha estado buscando las ideas de Uribe Uribe, creo que todavía hay mucho que hacer por él.  Yo, hasta el momento, he publicado cinco antologías de Uribe Uribe.  En una de ellas, demostré que él era el precursor del Derecho del Trabajo y otro de estos libros habla de grandes planteamientos suyos sobre caminos, carreteras, colonización, telégrafos, ferrocarriles, formas de transporte y de comunicaciones.
Uribe Uribe influyó en la vida económica y diplomática de Colombia.  Todos los grandes asuntos limítrofes que teníamos él los enunció y fue a pelearlos con éxito. En la cosa agrícola, fue un innovador.  Nos defendió, además, de todo el sectarismo religioso, con su ensayo “De cómo el Liberalismo no es pecado”, en el cual dice que hay que establecer un orden de jerarquía en la política, sin inmiscuirla con la religión.
 
Ya que hablamos de que “ser liberal no es pecado”, ¿qué conclusión quedó en la Comisión sobre las Causas de La Violencia, de la que usted fue miembro, acerca de las posibles responsabilidades que en la violencia partidista tuvo la Iglesia Católica?
  Eso fue un episodio sumamente doloroso de Colombia, y la Iglesia ha pagado ese desvío.  Cuando ellos justificaban que la muerte de los liberales era normal, porque éramos herejes, o cuando justificaban que abrieran el vientre de las mujeres liberales, para matar el feto, porque era el nacimiento de un hereje, eso ha conducido a que aparezca en Colombia una gran cantidad de iglesias separándose del catolicismo.    Eso ha sido un daño al orden católico nacional. Y nosotros, como católicos, debemos fortalecer el ambiente cristiano y decirle a la Iglesia que no se corrompa, que no se dañe, metiéndose en la política.
 
¿Por qué, habiendo tenido las capacidades, los contactos y la influencia para ocupar posiciones que hubieran podido generarle los recursos necesarios para ser un hombre rico, decidió dedicarse al oficio de la escritura ensayística, que, en nuestro país, no deja retribuciones económicas?
  Yo tenía mi vocación política, con un sentido ético, y mi vocación literaria, que, desde siempre, sabía que no ayudaba a la economía.  Pero me parecía que mis deberes estaban orientados espiritualmente a darle contenido a una doctrina liberal, a escribir, a opinar, a hablar en las academias y en las diferentes universidades.  Eso me ha dado satisfacciones suficientes.
 
Hablemos de esa amistad y esa retroalimentación permanente que usted ha tenido desde hace casi setenta años con el ex presidente Belisario Betancur...
  Nos conocimos en la Universidad Pontificia Bolivariana.  Él iba un poco detrás de mí, porque él es más joven que yo.  Como ambos teníamos vocación literaria y ambos teníamos afanes políticos, diferentes pero en el mismo tronco de la ilusión colombiana, eso nos acercó y nos puso en contacto permanentemente.  Y trabajamos unidos toda la vida, él en el matiz conservador y yo en el liberal. Sin embargo, nunca ha habido entre los dos una fuerza de ideas que nos ponga en contraposición personal. Respetamos nuestro mundo y lo acatamos, el uno y el otro.  Eso nos ha dado fuerza para pensar que tenemos un destino común, en el afán de servirle a Colombia. 
 
Hablemos de la celebración de sus noventa años...
  Estos noventa años los celebro con mucha alegría, porque la vida me ha dado la oportunidad de poder hacer lo que yo he soñado. Esa alegría de cumplir noventa años se la entrego a mis amigos y amigas, que me han acompañado a soñar, a ver la vida con una nueva alegría en cada mañana, a entender el futuro como una gran esperanza iluminada por el amor.
 
Usted ha sobresalido en todo cuanto ha hecho.  Ha sido varias veces ministro y parlamentario, directivo de numerosas instituciones, ha escrito más de 150 libros y ha sacado adelante proyectos sociales y académicos muy ambiciosos y de gran importancia para el país.  ¿Qué cree que le falta por hacer o que definitivamente se le quedó sin hacer?
  Lo que yo soñé, lo que me impulsó, lo que me produjo alegría, todo lo pude ir haciendo.  A veces con dificultades, con tropezones, con gente que se atravesaba, con vallas que me ponían... pero fui venciendo todo eso con mucha paciencia y fui logrando los grandes propósitos de mi vida. Los he logrado, los he puesto en orden, al servicio de los colombianos y al servicio de entender lo que es América Latina.
 
¿Cómo quiere ser recordado?
  A mí me gusta que me recuerden riéndome. Esa ha sido siempre una de mis características.  La gente, cuando voy a reuniones sociales o intelectuales, no me dice “Yo te vi”, sino “Yo te oí”.

Hablando de temas actuales
 
¿Qué opina del llamado Socialismo del Siglo XXI, que ha proclamado Hugo Chávez?
Usted me está planteando un problema de tipo regional, y no me quiero referir a él.
 
¿Cuál cree que es el estado actual de la democracia en Colombia?
  Hemos tenido unas elecciones excelentes.  La gente está votando de forma extraordinaria, con un resultado electoral de gran pureza.  Las demandas que ha habido son parciales, minúsculas, porque hay un sistema democrático que ha funcionado.  Tenemos que fortalecerlo con más moral.  No hay ningún hecho político que tenga importancia, si hay por detrás alguna duda de tipo ético. 
 
En este Bicentenario, es importante recordar a los forjadores de nuestra Independencia.  Usted, como uno de los máximos representantes del Liberalismo, ha sido un gran exaltador de la figura del general Santander.   ¿Por qué debemos preferir a Santander que a Bolívar?
  Bolívar tuvo una gran importancia como militar.  Tuvo desvíos democráticos y brincó a la dictadura.  Escribió una constitución boliviana, que no se la aceptaron en América Latina.  No la quiso aplicar Sucre, cuando estuvo de presidente en Bolivia.  Y aquí, Santander se le opuso, y don Vicente Azuero le dijo muy claramente que esa constitución no nos gustaba, porque era antidemocrática, porque establecía una posibilidad de gobiernos permanentes. 
Santander le dio el perfil al país. Un perfil republicano, democrático, aferrado a las leyes y no a los hombres.  
 
¿Cree que habría sido posible que nuestro país lograra su independencia de una manera pacífica, como lo hicieron muchas de las antiguas colonias británicas?
  No.  Con España no era posible.  España presentó una batalla campal desde el primer momento.
 
¿Cómo ve el futuro del Partido Liberal?
  Es bueno. Con la Constitución del 91, se estableció que con un número determinado de firmas y de votos se podía establecer un partido.  Y ahí está el Liberalismo, a través de la U y de Cambio Radical, y hay también muchos liberales en la cosa de los izquierdistas, porque ven que el partido abandonó durante muchos años parte de su política social.  El partido tiene que volver a recoger su sentido social a favor de las clases más desvalidas  y tiene que recobrar su organización a nivel departamental, municipal y a nivel de cada barrio, de cada pueblo y de cada vereda.
Tenemos que volver a buscar los grandes aportes en el Partido, esos que fueron acabados por los clientelistas.  

Hombre de pensamiento y acción
 
Otto Morales Benítez nació en Riosucio (Caldas), el 7 de agosto de 1920.  Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín.  Profesor universitario.
Ha sido diputado, representante a la Cámara, senador, ministro del Trabajo y de Agricultura y candidato a la Presidencia de la República. Fue secretario general del Partido Liberal, cuando este luchaba contra la dictadura de Rojas Pinilla.
Comisionado de paz y consejero presidencial.
Ha publicado 125 libros y es autor de otros 40, inéditos hasta el momento. Coautor de otros 30 libros.
Ha sido presidente de Andiarios y columnista de los periódicos más importantes del país.  Actualmente, escribe una columna en EL MUNDO.
Es considerado como uno de los mayores ideólogos del liberalismo colombiano y como uno de los principales expertos en Derecho Agrario en América Latina.  Es, además, una de las más respetadas autoridades nacionales en temas de Historia y Literatura.   Ha representado a Colombia en numerosos simposios y congresos internacionales.
Miembro de las academias colombianas de la Lengua, de Historia y de Jurisprudencia y otras numerosas academias y asociaciones nacionales e internacionales.
Ha recibido condecoraciones  de la categoría de la Cruz de Boyacá (Colombia), la de Bernardo O’Higginis (Chile), la de José de San Martín (Argentina) y la de Andrés Bello (Venezuela).  Ha recibido títulos Honoris Causa de la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín, de la Universidad Nacional del Centro del Perú, de la Universidad Mayor de San Marcos (Lima) y de la Universidad Autónoma de México.
Se han publicado más de 20 libros sobre su vida y su obra. (Enlace El Mundo)
Fotografía: Internet