'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

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Isla sin mar - Por: Yoani Sánchez


Isla sin mar

Columnista Invitada
Generación Y

Desde el muro del malecón no hay tanto que mirar. Un plato azul que de vez en cuando se molesta y lanza sus olas espumosas sobre la avenida que lo limita. No se ven veleros, apenas un par de remendados botes autorizados por la capitanía del puerto. En verano, los adolescentes se lanzan hacia las cálidas aguas, pero en invierno se alejan temiéndole a las salpicaduras y al viento frío. Un barco hace la ruta de este a oeste cada noche; sombra en el  horizonte que controla a posibles balseros escapando hacia el estrecho de la Florida.

Justo ahora estamos en los meses del año en que la avenida costera entra en su mayor ebullición. Pero todo ocurre entre el arrecife y la calle, ni soñar que ese dinamismo se extienda a la amplia extensión salada que hay al otro lado.¿Cuándo fue que comenzamos a vivir de espaldas al mar? ¿En qué momento esa parte del país, que también es nuestra, dejó de pertenecernos? Comer pescado, dar un paseo en yate, mirar los edificios desde la cadencia de una ola, disfrutar del contraste de azules que hay en el comienzo del primer veril. Quiméricas acciones en una ciudad con litoral, delirios punzantes en una Isla que parece flotar en la nada y no en el Caribe.

Tengo la ilusión que un día para alquilar aunque sea una chalupa con remos no sea necesario mostrar un pasaporte extranjero. Las velas volverán a adueñarse de esta bahía, nos harán recordar que vivimos en una Habana marítima, nacida entre el grito de los corsarios y el fragor del puerto. El pargo desplazará a las clarias y a las tencas de nuestros platos y desde el muro del Malecón –con las piernas colgando hacia el diente de perro–saludaremos una hilera de botes que parten y retornan al Morro.