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Recordando a un sabio nuestro ignorado - Por: Sergio Esteban Vélez

Recordando a un sabio nuestro ignorado

Por: Sergio Esteban Vélez

Humilde, caritativo y “enciclopédicamente” erudito. Así era monseñor Juan Botero Restrepo, quien, para sus allegados, nunca dejó de ser “el Padre Juan”. A pesar de la multiplicidad de intereses intelectuales que estimularon su mente y lo llevaron a convertirse en uno de los principales historiadores antioqueños, su máximo objetivo siempre fue el de “ser un buen sacerdote”.

Monseñor Juan Botero, Octavio Arizmendi Posada, Agustín Jaramillo Londoño y Sergio Esteban Vélez
Nació en Sonsón, el 11 de marzo de 1920, descendiente de las principales familias de esa comarca. Concluidos sus estudios de bachillerato, a los 15 años de edad, ingresó al Seminario Conciliar de Medellín, donde realizó sus estudios de Filosofía y Teología, los cuales terminó a los 21 años, edad en la cual no podía recibir la ordenación sacerdotal, que solo estaba permitida para mayores de 24. Para esta época, el joven seminarista ya se desempañaba como profesor de Sociología, Misionología, Latín e Historia, y era secretario general del Seminario Conciliar de Medellín.

En 1940, su libro “El problema misional”, primero de su fértil cosecha, fue galardonado en el Premio Nacional de Misionología. El volumen fue publicado por la Unión Nacional del Clero.

Obtenida una dispensa especial de edad, logró ordenarse sacerdote, el 10 de abril de 1943. Por esos días, mantuvo una columna en el diario “El Pueblo”, que había sido fundado hacía poco tiempo.

Un par de años más tarde, el Padre Juan se encaminó a la capital de la República, para realizar un doctorado en Filosofía, en la prestigiosa Pontificia Universidad Javeriana. Esta le concedió tal grado, el 25 de agosto de 1948, luego de que su tesis “Filosofía de la seguridad social”, fuera laureada con “Summa cum laude probatus”.

Como para ese entonces ya demostraba singulares lucidez y dominio en cuanto tuviera relación con sujetos históricos, la Academia Antioquia de Historia, consideró justo nombrarlo Miembro Correspondiente de esa institución, en 1946. Un año después, fue ascendido a miembro numerario.

Por esos días, participó en la fundación de la Sociedad Bolivariana de Antioquia, en compañía de otros distinguidos admiradores de “el Libertador”, como el futuro gobernador Fernando Gómez Martínez y el ex presidente de Venezuela Eleázar López Contreras. Esta sociedad no alcanzó a consolidarse, pero fue semilla de la actual Sociedad Bolivariana de Antioquia, que en este 2010 está cumpliendo 60 años de fundada.

Al culminar sus estudios de doctorado, regresó a Medellín. Allí, se conmovió al ver la extrema miseria en que tenían que vivir numerosos niños que, debido a La Violencia partidista que azotaba a nuestra patria en esos tiempos, hubieron de abandonar sus lugares de origen buscando protección para sus vidas. Fue así como, en 1948, fundó las Granjas Infantiles de Jesús Obrero, que se convertirían en una de las más importantes instituciones protectoras de la niñez desamparada de Colombia.

Gracias al programa de venta de bonos y sufragios y a las generosas donaciones que recibió, el Padre Juan adquirió para las Granjas una finca de más de 100 cuadras en el municipio de Copacabana (actualmente las Granjas Infantiles acogen a más de 400 niños).

En 1952, por invitación del Gobierno Municipal, fundó el Preventorio Infantil de Medellín, que durante varios lustros prestó servicios de rehabilitación a niños delincuentes.

En 1954 el presidente de la República, General Gustavo Rojas Pinilla, lo nombró Director Nacional de Protección Infantil. Desde este cargo, el joven sacerdote redobló sus esfuerzos por favorecer a la niñez desamparada, al fundar 14 guarderías para niños pobres, en distintas ciudades del país.

En 1957 fundó el Hogar San Luis, para niños lisiados, y creó la Escuela Nacional de Visitadoras Campesinas, la cual todavía está activa.

En 1959 representó a Colombia en el Congreso Mundial de Protección Infantil, reunido en la ciudad de Lisboa. Fue llamado a ser miembro de la mesa directiva de este evento internacional.

Jorge Rodríguez Arbeláez, Joaquín Vallejo Arbeláez, Monseñor Juan Botero y Sergio Esteban Vélez
Ese mismo año, realizó viajes para estudiar las nuevas tendencias de la protección infantil en algunas de las principales instituciones de este género en Europa y en Estados Unidos.

En 1960, fundó en Copacabana la Escuela Vocacional Agrícola. En 1961, al ver a las Granjas Infantiles consolidadas, decidió retirarse de la dirección de estas para materializar una de sus mayores ilusiones: especializarse en Europa para servir en Colombia. Se inscribió, entonces, en la carrera de Sociología, en el Instituto León XIII de Madrid, filial de la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas del mundo.

Durante su permanencia de tres años en Europa, aprovechó para visitar los principales santuarios del mundo católico, en Europa, Egipto y Tierra Santa. En 1962, asistió en Roma a la clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II. Ese mismo año, la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín lo eligió como el ciudadano del año y le concedió la medalla de oro de la institución.

En Madrid, afianzó lazos de amistad con el polémico y beligerante arzobispo Juan Manuel González Arbeláez, quien estaba exiliado en ese país y residía humildemente en un monasterio de esa ciudad. Monseñor González Arbeláez sería el protagonista de uno de los más importantes libros escritos por el Padre Juan. Cuando el mitrado falleció, en 1965, el Padre Botero fue escogido para pronunciar la oración fúnebre del difunto guerrero de la Iglesia, ante el presidente Guillermo León Valencia.

Retornó a Colombia en 1964. Poco después, aceptó la misión de ser Capellán General del SENA en Antioquia, la cual desempeñó durante un lapso superior a diez años.

En 1969, fue designado conjuez de Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Medellín y fue elegido Presidente de la Academia Antioqueña de Historia, desde donde luchó por la creación de diversos centros de estudios históricos en los municipios antioqueños. Representó al Departamento en importantes congresos y certámenes nacionales y enfocó su mira en buscar la expansión de la Academia. En 1970 fue reelegido en la presidencia de la entidad.


En 1971, fue escogido para hacer la oración gratulatoria en el acto solemne que se celebró en la Catedral de Medellín, con motivo del centenario del nacimiento del emérito arzobispo Tiberio de J. Salazar y Herrera. Para honrar la memoria del insigne pastor, el Padre Juan escribió una biografía de éste de más de 400 páginas, publicada por ley de la República. Este es uno de los nueve libros que escribió sobre grandes prelados de Colombia.

En 1971, al ser preconizado monseñor Javier Naranjo Villegas como Obispo de Santa Marta; el mitrado invitó al Padre Juan a su diócesis a fungir como Canciller General del Obispado.

En 1974, regresó a Medellín y ocupó nuevamente el cargo de capellán regional del SENA.

Vale la pena comentar que, desde su ordenación sacerdotal, simultáneamente a su labor pastoral e investigativa, colaboraba permanentemente con periódicos como “La Acción”, “La Defensa”, “El Pueblo”, “El Correo” y “El Colombiano”, de Medellín.

En 1976, una biografía de Pedro Justo Berrío, de más 430 páginas, escrita por el Padre Juan, ganó el primer puesto en un concurso convocado por el Departamento de Antioquia. Este es, talvez, el principal de los tomos que escribió sobre gobernadores de Antioquia. El 8 de septiembre de ese mismo año, el gobernador, Óscar Montoya Montoya, le impuso a nuestro personaje la “Estrella de Antioquia”, en aquel entonces máxima condecoración del Departamento. También recibió en ese año la medalla “Pedro Justo Berrío”.

En 1979, asume la dirección de la Parroquia de Nazaret, en Medellín. Comparte su ocupación como párroco con la de profesor de historia de la Iglesia Colombiana, en el Seminario Mayor de Bogotá, curso para el cual escribe su libro “Breve Historia de la Iglesia Colombiana”.

En 1983, al ser proclamado cardenal el arzobispo de Medellín, monseñor Alfonso López Trujillo, el Padre Juan viaja a Roma como parte de la delegación de la Arquidiócesis para asistir a la posesión canónica del nuevo purpurado.

Ese mismo año, una obra con letra suya y música del maestro Luis Uribe Bueno gana un concurso organizado por el municipio de Bello, para elegir el himno oficial de esa ciudad.

En 1984, el cardenal López Trujillo lo eleva a canónigo honorario de la Arquidiócesis y lo designa vicario general de la zona céntrica de Medellín. En dos ocasiones, al estar ausentes de la ciudad el Arzobispo y el Vicario General, el Padre Juan, en su dignidad de Provicario General, gobernó interinamente la Arquidiócesis de Medellín.

En octubre de 1985, la Academia Antioqueña de Historia lo hace Miembro Honorario.

Lucila González de Chaves, Olga Elena Mattei, Monseñor Juan Botero Restrepo y Sergio Esteban Vélez. Academia Antioqueña de Letras, 1997.
En 1986, sumamente débil por una intervención quirúrgica, el Padre Juan renunció a sus cargos de Párroco del Concilio Vaticano II y de Vicario General de la zona céntrica de Medellín, y continuó solamente con sus labores de conjuez de Tribunal Eclesiástico y jefe del Archivo Arquidiocesano, dignidad esta última en la que permaneció durante casi un decenio. En 1987 asumió temporalmente la cancillería de la Arquidiócesis de Medellín.

En octubre de 1995 fue elegido Presidente Honorario de la Academia Antioqueña de Historia, máximo honor que concede esa Institución, de la cual fue miembro durante 56 años.

En 1997, funda, con Sergio Esteban Vélez, la Academia Antioqueña de Letras. Esta institución congregó durante más de un lustro a muchos de los principales humanistas e intelectuales de Antioquia.

En 1998, por motivos de salud, renuncia a la presidencia de la corporación y es reemplazado por el ex ministro Octavio Arizmendi Posada. Fue, entonces, exaltado como Presidente Honorario de la Academia.

Presidente honorario de dos academias, era al mismo tiempo miembro de otras diecinueve, entre las cuales descuellan la Academia Colombiana de Historia, el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, la Sociedad Bolivariana de Colombia, la Academia de Historia de Santander, la de Cartagena de Indias, la del Magdalena, la del Valle del Cauca, la de Tunja, la de Ocaña, la de Santa Fe de Antioquia y la Sociedad Antioqueña de Historia de la Medicina (campo de la Historia en el cual el Padre Juan fue especialmente erudito y acerca del cual escribió media docena de libros).

En 1998, al cumplirse los 50 años de la fundación de las Granjas Infantiles de Jesús Obrero, el Padre Juan recibe la medalla “Pro Servitio Eclesiae”, la más alta condecoración de la Arquidiócesis de Medellín.

El 29 de mayo de 2002, entregó su alma a ese Dios al que consagró 60 años de sacerdocio.

A sus 82 años de edad, había fundado 24 obras sociales, publicó más de 50 libros de su autoría, fue miembro de 21 academias y culminó 3 carreras universitarias.

Raras veces se da un caso como el de Monseñor Juan Botero Restrepo, en el cual se combinan en grado sumo la inteligencia y la acción por alcanzar la santidad.

Por eso, los antioqueños debemos rescatar el acervo de su obra y divulgarla, como merece, para hacer justicia a la tenacidad de quien debe ser recordado como una de las máximas glorias de nuestra tierra.
Foto: Internet
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