'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

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La Cachita de Centro Habana - Por: Iván García



La Cachita de Centro Habana

Por: Iván García
Desde La Habana 
ivangquintero@yahoo.es 

En septiembre, los habaneros veneran a tres vírgenes: la de Regla, el 7 de septiembre; la Caridad del Cobre, al día siguiente, y la Merced, el 24. Regla y Caridad son mestizas, y una de ellas, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, es la Patrona de Cuba.
Llueva, truene o relampaguee, los habaneros acuden los 8 de septiembre a la iglesia que lleva su nombre, una construcción del siglo 19, pintada de blanco y amarillo. Desde hace un tiempo, ese día sale una procesión por las calles aledañas.

El templo está ubicado en Los Sitios, un barrio de gente pobre, negra y marginal de Centro Habana. Tiene pocos kilómetros a la redonda y por todas partes se ven contenedores desbordados de basura, aguas albañales que corren a raudales y un olor a mierda espantoso que se desprende de cuarterías agrietadas e inmundas.
La zona es una de las más densamente pobladas de la ciudad. En chabolas miserables, casas de puntales altos y balcones de hierro torcido, viven hacinadas innumerables familias, muchas formadas por ‘palestinos’, ciudadanos que vienen huyendo de las calamidades extremas en las provincias orientales.
Casi todos residen de forma ilegal en La Habana. El día de Cachita, como los cubanos llaman a su patrona, los orientales trasladan a los devotos en sus bicitaxis. Y cobran el doble. No son los únicos que hacen su agosto. Una señora con gafas oscuras tira las cartas por un peso convertible (menos de un dólar). Otros vecinos venden maní tostado, caramelos caseros y panes con finas rodajas de jamón y queso.
Con tantas personas apretujadas, los “choros” (carteristas) aprovechan el menor descuido y del bolsillo del pantalón o de la mochila, sacan dinero o algún artículo de valor. Una joven de pelo negro estalla en cólera con un señor maduro que hace rato, según ella, descaradamente le está pegando el pene en sus amplias nalgas. Amenaza con llamar a la policía y el tipo desaparece.
La policía, por cierto, inunda los alrededores de la iglesia. A los agentes de la Seguridad del Estado se les conoce a una milla de distancia por el corte de cabello, sus celulares Motorola y las motos Suzuki.
Al lugar suelen concurrir turistas con cámaras de videos. Un chico negro y musculoso abraza con fuerza a su novia española. Jineteras vestidas a la moda intentan avanzar hasta el interior de la iglesia para depositar un rollito de dinero en el altar.
El sacerdote anuncia que comienza la procesión. La figura de la virgen es sacada en una urna de cristal y montada en un coche descapotable.
El gentío comienza a moverse. Unos van orando o tomando ron y cerveza. Otros comen maní y mascan chicle. Se tiran fotos y se graban videos. Aunque sea una vez en la vida, el cubano acude a esta iglesia a rendir tributo a Cachita. Sin importarle la pobreza que le rodea en su templo habanero.
Por suerte, su verdadero hogar, en el Santuario del Cobre, Santiago de Cuba, está situado en un bello paraje rodeado de montañas.
Texto y foto de Iván García