'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

Amigos de Contextus RadioVideo Digital

Amigos Proyecto Contextus en NetworkedBlogs

Historias de viaje - Por: Paulo Coelho


Historias de viaje

Paulo Coelho - Escritor
Por: Paulo Coelho
Guerreo de la Luz

 Ekaterimburgo (Rusia): los zapatos

Inmediatamente después de la caída del sistema comunista, una empresa belga envía a esta ciudad rusa dos representantes para estudiar la viabilidad de sus productos. He aquí sus dos versiones:

“Aquí nadie usa zapatos occidentales”, escribe el primero. “Si instalamos aquí una fábrica, tendremos pérdidas.”

“Aquí nadie utiliza zapatos occidentales,” escribe el segundo representante. “Si instalamos aquí una fábrica, introduciremos la moda y venderemos toda la producción.”

 
Kairouan (Túnez): el verdadero devoto

Abu Sari tenía una tienda de chatarra en medio del principal mercado de la ciudad. Se pasaba el día vendiendo, comprando, regateando con sus parroquianos.

Pero todas las tardes, cerraba con una cortina uno de los rincones de la pequeña tienda y rezaba.

Una tarde, llegó un ulema buscándolo. Dijo que estaba cerca de Dios y quería compartir su felicidad con Abu Sari.

-¿Dónde vives? – preguntó el comerciante.

-En el desierto. Allí puedo contemplar el rostro del Altísimo, y sumergirme en sus bendiciones.

-Si vives en el desierto, eso significa que todavía estás lejos de la Divinidad –respondió Abu Sari-. Un hombre iluminado vive en medio de un mercado, y no se ausenta ni un minuto de la presencia de Dios.


Odessa (Ucrania): la gaviota y el ratón

Una gaviota volaba por encima de una playa del Mar Negro, cuando vio un ratón. Descendió de los cielos, y preguntó al roedor:

-¿Dónde están tus alas?

Cada animal habla un idioma, y el ratón no entendió lo que le dijo la gaviota; pero se dio cuenta de que el animal que tenía enfrente tenía dos cosas extrañas y grandes que le salían del cuerpo.

"Debe de tener alguna enfermedad,”, pensó el ratón.

La gaviota se percató de que el ratón le miraba fijamente las alas:

-Pobrecito. Le atacaron unos monstruos, que lo dejaron sordo y le robaron las alas.

Compadecida, lo agarró con el pico y se lo llevó a pasear por las alturas. "Por lo menos así matará la nostalgia,” pensaba mientras volaban. Después, con sumo cuidado, lo dejó en el suelo.

El ratón, durante algunos meses, se convirtió en una criatura profundamente infeliz: había conocido las alturas, había vito un mundo inmenso y hermoso.

Pero, con el paso del tiempo, terminó por acostumbrarse de nuevo a ser ratón, y creyó que el milagro que había tenido lugar en su vida no había sido más que un sueño.

 
Irkutsk (Rusia): el hombre amado

Un chamán siberiano pidió a Dios que le mostrase un hombre amado por Él. El Señor le aconsejó que buscara a cierto labrador.

-¿Qué haces para que el Señor te ame tanto? –preguntó el chamán al labrador cuando lo hubo encontrado.

-Digo Su nombre por la mañana. Trabajo todo el día entero, y digo Su nombre antes de dormir. Nada más que eso.

"Creo que me he equivocado de hombre,” pensó el chamán. Y en ese momento apareció el Señor, diciendo:

-Llena un cuenco de leche, ve a la ciudad y vuelve, sin derramar una sola gota.

El chamán obedeció. A la vuelta, el Señor quiso saber cuántas veces había pensado en Él.

-¿Cómo podía hacer eso? ¡Estaba preocupado por no derramar la leche!

-Un simple cuenco ha hecho que me olvides –dijo el Señor-. Y el labrador, que nunca deja de trabajar, piensa en mí dos veces al día.
Fotografía: Internet