'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'. Joseph Pulitzer.

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¿A quién combino hasta hoy las huelgas de Hambre en Cuba?




¿A quién combino  hasta hoy las huelgas de hambre en Cuba?

Editorial
Revista Cubana Amanacer

El templo del Espíritu Santo es el cuerpo del cristiano y todo aquello que lo dañe o destruya es pecado; por eso creemos que las huelgas de hambre son anticristianas y las desechamos como método de la lucha cívica y pacífica del Pueblo Cubano por su estado de derecho, la democracia y el pleno respeto de sus derechos humanos. Para nosotros este único argumento es suficiente, pero para el entorno sin Fe no; de aquí que sea obligado apelar a otras razones contundentes que ubican a la huelga de hambre como un recurso supremo, deshumanizante e irracional.

En primer lugar el más importante y sagrado de todos los derechos humanos es el respeto por la vida, lo cual estatuyen todos los pactos, e instrumentos jurídicos internacionales que protegen y defienden estos derechos y libertades. En igual sentido todo el resto del articulado de esos tratados gira exclusivamente en el esfuerzo por garantizar una vida más digna, próspera y feliz a los seres humanos

La segunda fundamentación tiene un sustento no menos convincente: las huelgas de hambre en los últimos 30 años han tenido un rotundo efecto demoledor y aniquilante sobre la mayoría de nuestros prisioneros políticos y de conciencia, triturando la salud y la capacidad de lucha civilista de nuestra creciente Sociedad Civil, recayendo con más fuerza, lógicamente, sobre nuestros más capaces y destacados líderes. Basta recordar a los huelguistas de Santa Clara, a Leonardo Miguel Bruzón Ávila y hoy mismo a Guillermo Fariñas.

En tercer lugar, el enunciado anterior pone al desnudo una verdad del tamaño del sol: las huelgas de hambre fueron hasta la muerte de Zapata ,el método más usado y eficás por parte de la Seguridad del Estado del Gobierno Cubano para la autodestrucción de la salud y las energías de nuestros prisioneros políticos y de conciencia; a diario vemos   su accionar para acorralarlos y provocarlos  hasta llevarlos al punto de que emprendan la esperada protesta (el rechazo total de los alimentos  y en las más de las veces, también del agua, a la cual renuncian o les es cortada por los militares para doblegarlos en los calabozos de confinamientos y castigos). Una mente simplista o no bien informada negaría esta verdad afirmando: esto es un absurdo porque si el gobierno tuviera esta intención ya abría matado a muchos de ellos, pues tiene poder sobrado para hacerlo. Sin embargo, la práctica siempre ha demostrado que es aquí donde entra a jugar su importantísimo papel la Comunidad y Opinión Pública Internacional, pues ningún gobierno puede sobrevivir hoy ageno a ella; el crimen Zapata ilustra meridianamente esta aseveración. Esta limitación en las acciones de la Dinastía Cubana la obliga a la siguiente, pero no menos criminal y sórdida sutileza: no asesinar visiblemente y de un  plumazo, sino, a mediano plazo mediante el ataque diario y feroz a la salud de todos los seres humanos que ya antes calificó como enemigos políticos y envió a sus antros de muerte, torturas y terror (sus cárceles). Hasta la muerte de Zapata nunca estuvo en la agenda del Gobierno provocar huelgas de hambres radicales y concluyentes en la muerte de las víctimas, sino abstinencias deteriorantes a prolongarse solamente varias semanas. Para este velado aniquilamiento usa además: el suministro de sustancias químicas y bacteriológicas; la subalimentación, el estrés constante, las palizas, el terrorismo y los tormentos; la privación de la asistencia religiosa, el sol, el aire libre y el sometimiento a larguísimos períodos de confinamientos en pequeñas celdas tapiadas, húmedas y oscuras, donde enferman aceleradamente de los pulmones, los huesos y pierden considerablemente la visión.

Para los diabólicos cerebros de la policía Política Cubana es fácil arrinconar a un político cautivo y lanzarlo a la huelga de hambre. Las motivaciones van desde las más inverosímiles y pueriles hasta los reclamos supremos de justicia imprescindible. por ejemplo: poner a la víctima con numerosos reclusos comunes a quienes le pagan con beneficios para que los agredan físicamente , los amenacen de muerte y los llenen de terror; la negación de auxilios médicos  y alimentos; el sometimiento a requisas y despojos de todas sus pertenencias; los frecuentes ultrajes contra su persona y familiares; los destierros; las severas restricciones a las llamadas telefónicas y contactos familiares; la censura total de su libertad de lectura e información y los abiertos obstáculos a la asistencia religiosa.

Puede decirse sin temor a equívocos que casi  la mitad de los cerca de 200 prisioneros políticos cubanos se ha visto envuelto, al menos,  en una de las tormentosas huelgas de hambre, llegando algunos incluso  a cocerse la boca con alambres. En 2009 acudieron a este recurso entre otros: José Daniel Ferrer García, Alfredo Rodolfo Domínguez Batista, Juan Carlos Herrera Acosta, Iván Hernández Carrillo, Rigoberto Zamora Rodríguez, Luís Enrique Ferrer García, Orestes Paíno Viera, Juan Ramón Rivera Despaine, El Doctor Darsi Ferrer Ramírez, Pedro Leiva Góngora, Hugo Damián Prieto Blanco, Juan Luis Rodríguez Desdín, Fabio Prieto Llorente, Ernesto Medero Arrosarena, Isael Poveda Silva, Yordis García Fournier, Abel López Pérez, Nelson Curbelo Rodríguez y el asesinado Orlando Zapata Tamayo.

Finalmente, el examen cuidadoso de cada caso de los prisioneros políticos y de conciencia plantado en huelga de hambre en 2009 demostró que nunca alcanzaron conquistas sustanciosas o que ameritaran tan alto costo y cuando vencieron a la tozudez de los militares, la gloriosa victoria de las migajas concedidas, no fueron respetadas más que por unos pocos días.